
El control ambiental de las actividades de las empresas y organizaciones es un desafío imprescindible frente a los retos climáticos. La Huella de Carbono y el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) del producto figuran entre las herramientas que permiten a las empresas medir el impacto de sus actividades sobre el medioambiente, con el fin de implementar acciones de reducción de su huella de carbono global.
¿Comparten estas herramientas los mismos objetivos? ¿Se dirigen a los mismos actores y son sustituibles entre sí? La Huella de Carbono y el ACV de producto son dos protocolos bien distintos, cuyos perímetros respectivos, criterios de análisis y modalidades de interpretación conviene discernir claramente.
Herramienta de diagnóstico desarrollada por la agencia francesa de la transición ecológica (ADEME) y obligatoria para ciertas estructuras por el Grenelle de l'environnement, la Huella de Carbono es un protocolo de medición de las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) de un producto, un servicio o una actividad. La contabilización tiene en cuenta las emisiones directas e indirectas de CO2, pero también otros gases de efecto invernadero: el metano, los hidrofluorocarburos, el óxido nitroso, el hexafluoruro de azufre y los perfluorocarburos se convierten en equivalente de carbono (eq. CO2) para permitir un balance global.
El perímetro de la Huella de Carbono es triple. Se descompone en los alcances 1, 2 y 3 de la metodología internacional GHG Protocol. Estos alcances distinguen las emisiones de GEI directas (alcance 1) de las emisiones indirectas, ligadas respectivamente a los consumos de energía (alcance 2) y a todas las emisiones indirectas ligadas a la actividad de la empresa (alcance 3), tanto aguas arriba como aguas abajo de la cadena de valor: desde las compras de materias primas hasta la entrega, el uso y el fin de vida de los productos.
El Análisis del Ciclo de Vida de un producto, abreviado ACV, es en cambio un procedimiento completo, que se apoya en las normas ISO 14040 e ISO 14044 y propone etapas estandarizadas para evaluar el impacto ambiental de un producto o servicio desde su creación hasta su fin de vida. El campo de estudio es amplio y puede por tanto incluir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como el impacto sobre los recursos naturales, la toxicidad para los seres vivos o la nocividad para los suelos y los océanos. El método de evaluación ACV, reconocido y normalizado desde mediados de los años 90, cuantifica los impactos en todas las etapas del ciclo de vida de un producto, desde la extracción de las materias primas hasta la valorización o el tratamiento del residuo al final de su vida, pasando por la fabricación del producto y su embalaje, el transporte, la distribución y el uso por el consumidor.
Las principales diferencias entre la Huella de Carbono y el Análisis del Ciclo de Vida de un producto residen, por un lado, en el perímetro evaluado y, por otro, en los criterios estudiados.
El perímetro de la Huella de Carbono es doble, a la vez operativo (con distintas fuentes de emisión) y organizativo (sobre distintos emplazamientos e instalaciones de una misma empresa u organización).
El Análisis del Ciclo de Vida, por su parte, se centra en la cadena de valor de un producto o servicio, de las entradas a las salidas, pasando por la fabricación.
El método de la Huella de Carbono se considera monocriterio, ya que solo mide la huella de carbono de las actividades de la empresa.
El protocolo de ACV de producto adopta en cambio la forma de un análisis multicriterio, que incluye las emisiones de CO2 pero también, por ejemplo, el uso del agua y el impacto sobre los suelos.
La Huella de Carbono y el ACV de producto comparten el objetivo común de permitir a las empresas una cuantificación de su impacto ambiental, en un contexto global de transición ecológica de la sociedad y la economía. Ambas herramientas ofrecen datos precisos sobre los impactos climáticos y ambientales de una actividad. Las empresas pueden así desarrollar, sobre la base de sus resultados, un enfoque de mejora y una política de desarrollo sostenible informada.
Cuantificar el propio impacto es también una manera, para las empresas sujetas (o no) a la Huella de Carbono, de responder a las obligaciones normativas o de anticiparlas: la legislación en materia de información extrafinanciera amplía regularmente su perímetro y nuevas exigencias están llamadas a entrar en vigor.
Ambos enfoques son, por último, palancas de rendimiento en un mercado en plena mutación, cuando los criterios ambientales pesan cada vez más en las elecciones de consumidores y socios. Tanto la Huella de Carbono como el Análisis del Ciclo de Vida de un producto permiten a las empresas comunicar sus esfuerzos de reducción de impacto, sin sospecha de greenwashing.
Dadas sus diferencias de perímetro y de enfoque (monocriterio y multicriterio), la Huella de Carbono y el Análisis del Ciclo de Vida de producto son dos herramientas complementarias y no sustituibles para medir las repercusiones ambientales de las actividades de una empresa y tomar medidas concretas de reducción.
La Huella de Carbono aparece en primer lugar como la herramienta más rápida y sencilla para medir el impacto ecológico de un producto o actividad en su conjunto, con el fin de implementar acciones de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero como el método solo concierne a las emisiones de GEI, y no al uso de los recursos hídricos ni a la posible contaminación de los suelos, existe el riesgo de que las medidas adoptadas conlleven una transferencia de impacto ambiental en lugar de una reducción del mismo. La reducción de la Huella de Carbono puede, por tanto, en algunos casos, implicar el aumento del impacto ambiental global de la organización.
Como complemento de la Huella de Carbono, el protocolo multicriterio del ACV permite un nivel de análisis muy detallado del impacto ambiental de un producto, sobre toda la cadena de valor y sobre distintos criterios ambientales. Sirve así de base a otras acciones, entre ellas la comparación del ciclo de vida de distintos productos de una misma empresa, el cambio de proveedores o la búsqueda de materiales alternativos con un objetivo de ecodiseño.
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